Historia
El Britannia es uno de los navíos más famosos del mundo. Botado en Escocia el 16 de abril de 1953, el buque de la Casa Real británica ha llevado a la Reina y a la Familia Real en 968 viajes oficiales a lo largo de 44 años de servicio.
El Britannia es el último de una gran saga de buques de la Casa Real que tuvo sus inicios allá en 1660. El Britannia, cuya construcción se encargó para entrar en servicio en enero de 1954, navegó un total de 1.087.623 millas marinas e hizo escala en 600 puertos de 135 países del mundo.
En junio de 1994, el Gobierno británico anunció la retirada de servicio del buque Britannia. El 11 de diciembre de 1997 el Britannia fue oficialmente retirado de servicio en la base naval de Portsmouth en presencia de la Reina, el duque de Edimburgo y doce miembros de alto rango de la Familia Real.
Tras una gran rivalidad entre diversas ciudades británicas, el Gobierno anunció que Edimburgo alojaría permanentemente el Britannia. El buque es ahora propiedad de la «Royal Britannia Trust», una fundación benéfica encargada del mantenimiento y la conservación del Britannia. El Britannia constituye hoy día una gran atracción turística del histórico puerto de Leith, en Edimburgo, donde este buque se halla atracado permanentemente.
Residencia real
El rey Jorge VI inició los planes de construcción de un nuevo buque real que sustituyera el Victoria and Albert III, pero falleció en 1952, cuatro meses antes de que se pusieran en práctica. La princesa Isabel, su hija, accedió al trono y dejó, junto a su esposo, el príncipe Felipe de Edimburgo, su huella en el diseño del navío. La pareja real aprobó personalmente los planos preparados por sir Hugh Casson, arquitecto asesor, y eligió el mobiliario, los tejidos y los cuadros.
Siempre que el Britannia viajaba por el mundo, a bordo del buque real la Reina se sentía en casa. Cada una de las dependencias exhibe fotos de sus hijos, preciadas reliquias de la familia, valiosos objetos personales y regalos procedentes de todos los rincones del planeta. Incluso con los trescientos marineros que sumaba la tripulación del buque real al completo y con el personal de la Casa Real, la Reina confesó que el Britannia era el único sitio en el que se podía relajar de verdad.
Embajador en el mundo
Gracias en buena parte al buque Britannia, la Reina Isabel II es la monarca más viajera del mundo. Son muchos los grandes dirigentes del mundo que han subido a bordo del buque invitados por la Reina y la Familia Real y ha sido agasajados en sus salones del mismo modo que si hubieran acudido a uno de los palacios de la Casa Real.
Para visitas de Estado, se subían a bordo cinco toneladas de equipaje, en las que se incluía de todo, desde las joyas de la Reina hasta las botellas de agua especiales para el té de Su Majestad. A la Reina la acompañaban hasta 45 miembros de la Casa Real, quienes colaboraban con los oficiales y marineros del Britannia para garantizar que todas las visitas marcharan a la perfección y que no se pasara por alto el más mínimo detalle.
Además de albergar banquetes y recepciones oficiales, el Britannia actuaba como embajador de las empresas británicas, promocionando el comercio y la industria del Reino Unido en todo el mundo. La Cámara de Comercio Exterior calcula que se obtuvieron unos beneficios de 3.000 millones de libras gracias a la promoción comercial del Britannia entre 1991 y 1995.
Refugio romántico
El Britannia ha alojado en luna de miel a cuatro parejas de la Familia Real antes de que comenzaran su vida de casados en el seno de la familia más fotografiada del mundo. En 1960, la princesa Margarita y Anthony Armstrong-Jones fue la primera pareja en luna de miel a bordo del buque real, que los llevaría al Caribe. La princesa Ana y el capitán Mark Phillips fue la siguiente pareja en 1973, esta vez en luna de miel por las Antillas. En 1981, los príncipes de Gales volaron a Gibraltar para subir a bordo del Britannia al principio de sus dieciséis días de luna de miel por el Mediterráneo. Cinco años más tarde, el Britannia alojó al nuevo matrimonio de los duques de York, que viajaron en luna de miel por las Azores.
Una tripulación plenamente dedicada
El Britannia es el único buque de la Armada británica que ha sido gobernado por un almirante. La única excepción fue su último capitán, que ostentaba el rango de comodoro.
Cuando un marinero se sumaba a la tripulación del Britannia, entraba en un mundo muy distinto del que podía conocer en la Armada británica. Sus órdenes eran «esforzarse a diario por lograr la perfección». Todos los miembros de la tripulación eran seleccionados cuidadosamente conforme a unos criterios sumamente exigentes y consideraban todo un honor y privilegio servir a bordo de este buque tan especial.
Las funciones de la tripulación eran muy diversas; entre otras, garantizar que la pasarela real no presentara nunca una inclinación superior a los 12°, arreglar las flores reales, bucear para inspeccionar el lecho marino bajo el buque y limpiar la plata. Los tripulantes operaban la lavandería a temperaturas que alcanzaban los 50 ºC, aunque tenían que seguir tan impecables como el buque.
Al marinero más joven le correspondía la dura tarea de fregar a diario las cubiertas de teca para mantenerlas siempre en perfecto estado. Con el fin de evitar molestar a la Familia Real, todas las labores que hubieran de hacerse cerca de los salones oficiales se realizaban en silencio y debían acabarse antes de las ocho de la mañana. Si un marinero se encontraba con miembros de la Familia Real, debía ponerse en firme y mirar al frente hasta que pasaran.
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